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Zonas temáticas


Lecciones de anatomíaLecciones de anatomía

El cadáver sobre el que se levanta la lección del óleo de Rembrandt pertenecía a Aris Kindt, ahorcado ese mismo día por robo a mano armada, y refleja la única clase de anatomía con disección pública permitida a lo largo de todo un año. El robo y la escenificación están en la base de cualquier enseñanza.

Como un nuevo “teatro de anatomía”, en el que se exhibe el opaco recuerdo de una curiosidad, un morbo y una esperanza (todas científicas), estas lecciones agrupadas ponen en escena diversos comentarios sobre la espectacularización sociopolítica a la que somos tan adictos: como tendón y como bisturí.

TaxonomiasTaxonomías

Las normas son los monstruos estandarizados que creamos para recordar en el presente lo que queremos de nosotros mismos. Los ordenamientos son los túneles en los que viven estos monstruos: un modo de leer el mundo en nuestros propios términos (el lenguaje de los fragmentos). Las fallas, lo incongruente y los insólitos esfuerzos por distinguir a las criaturas entre sí dan cuenta de una racionalidad desesperada.

HumoresHumores

Los cuatro elementos cuyo equilibrio garantizaba la salud en las tempranas teorías del cuerpo y el alma eran la bilis, la bilis negra, la sangre y la flema.

Esta fluida promiscuidad entre los órganos y los temperamentos nos devuelve esa especie de mineralidad animal que nos funda y que resulta tan vergonzante en la actualidad. Un pequeño ejército de ojos humorales se ocupa de devolvernos ese perímetro de caos orgánico que somos.

VanitasVanitas

Nuestra fragilidad y futilidad respaldan todos nuestros actos, son el magma que recupera terreno apenas descansamos de los constantes intentos de darnos sentido. Esta zona es un ingrato souvenir, un gran bodegón compuesto por memento mori de diversa índole. La fugacidad como valor, como huida, como insignificancia, frivolidad, como ruina, como traslado, alteración y simbolismo de esa vacuidad negra que nos sigue adonde vayamos.

EvidenciasEvidencias

El término evidencia proviene de latín indictum, y significa “signo aparente y probable de que existe alguna cosa”. Y esa cosa –es decir, todo el material sensible significativo que se percibe con los sentidos– se convierte en evidencia cuando tiene relación con un h echo delictivo. Y esa relación se entabla porque el material se encuentra en el lugar del hecho investigado.

Indicio, lugar y delito quedan así unidos por la extrema arbitrariedad de la percepción. Una zona plagada de huellas de algo aberrante que piden a los sentidos la construcción de una ficción grotesca.