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Vida y obra del profesor Urs Weiss

Emmanuel Venet


El reciente fallecimiento del profesor Urs Weiss pone de duelo a toda la comunidad de los psiquistas, y en especial a aquellos que él había iniciado en la oniromancia retrospectiva, en el seno del Impulso Mundial de Oniromancia Interaccional. Este clínico brillante nos deja una obra abundante, fruto de sesenta años de investigaciones semiológicas llevadas con un entusiasmo permanente.

Recordemos que Urs Weiss, nacido en Montevideo, en 1929, de un padre cirujano y de una madre soprano, comenzó sus estudios de medicina en Ginebra en 1947. Nombrado interno de los hospitales psiquiátricos de Estrasburgo en 1953, defiende al año siguiente una tesis notable sobre la ontalgía y empieza un psicoanálisis con Lucien Israël, del que guardará toda la vida una admiración fiel. Al final de su análisis, descubre que vuelve a tener los sueños que marcaron su curso, pero de manera mucho más agradable y simbólicamente enriquecidos. No tarda en descubrir que puede dirigir ese fenómeno y transformar sus peores pesadillas en espectáculos maravillosos. En 1962, escribe su primer tratado de oniromancia retrospectiva, técnica de exploración psíquica que no sólo permite descubrir el pasado, si no también predecir lo que hubiera sucedido si uno hubiera sido un gato, una cómoda o el sueño de una mariposa. Es entonces que Weiss comienza a formar colaboradores. Cinco años más tarde, rodeado de adjuntos diligentes y eficaces, abandona todos sus cargos médico-administrativos para dedicarse de lleno al sueño en vela, sin por ello abandonar su rica práctica onírica nocturna. Crea el Impulso Mundial de Oniromancia Interaccional en 1969, la cátedra de Oniromancia aplicada al año siguiente en Quito, y organiza en Montréal el primer congreso internacional de oniromancia franco parlante. Seguirán después, con ritmo sostenido, publicaciones que muestran su curiosidad permanentemente despierta. Urs Weiss trabajaría casi hasta el día de su muerte, sucedida a comienzos de 2016. Por una ironía del destino, fue llevado en pocos meses por una enfermedad que había creado él mismo en los años 80: la oniroplegia criptogenética. Pocos hombres hubiesen demostrado tanta entereza en esta última prueba, durante la cual se dio cuenta de que se había olvidado completamente de tener hijos y que sólo poseía deudas.

Como le temía al avión, Urs Weiss pasó gran parte de su vida en los paquebotes. Es en ellos que descubrió y describió la hydrofrenia, tipo de organización mental marcada por una amniopsiquis persistente, una libido fluida y sueños de natación. Los hidrofrenicos sólo se sienten en su centro cuando navegan y desarrollan a menudo una akinetofobia. Es a partir de estas observaciones que Alessandro Baricco describió el síndrome de Novecento. La extrema diversidad de las hidrofrenias fascinaban a Urs Weiss, a tal punto que nunca dejó, durante toda su vida, de completar y enriquecer su descripción primera.

Al final de los años 60, concentra su interés en la ciclonoia, que asimila, al principio, a una patología del destino y luego a una geopatía: puesto que la Tierra es esférica, observó, el más rectilíneo de sus surcos no puede si no reencontrar su origen. Impropiamente llamada síndrome de Phileas Fogg, la ciclonoia, se manifiesta como una excesiva rectitud moral, una pulsionalidad centrípeta y una fuerte tendencia al machacamiento. Los ciclonoicos no piensan más que lo que piensan, solo buscan la confirmación de lo bien fundadas de sus opiniones y rechazan todo lo que pudiera poner en tela de juicio sus axiomas. Sueñan poco, y casi siempre en círculos. A partir de 1980, Urs Weiss afirmó la existencia de un "núcleo ciclonoico" universal, idea que provocó controversias en las filas de la comunidad onirománcica, la escisión de parte de sus practicantes y la creación del Movimiento Oniromántico Racionalista detrás de Bill Dowgh. Esta ruptura con un epígono querido, sin duda hirió profundamente a Urs Weiss, lo que explica que haya estado seis meses sin publicar ningún libro.

Sus trabajos sobre las zootimias relanzarían su interés por los fenómenos psíquicos marginales. Recordamos particularmente la aracnotímia, cuyo parentesco con la politicopatías abrió una polémica pasional alrededor de la elección de François Miterrand. Pero sería injusto olvidarnos de la cinotimia, caracterizada por la melanopsiquis, el hiperodontismo y las musitaciones ladradoras; o la hipotimia, que Urs Weiss asimila a una patología de la domesticación. Atacado por los onirománticos racionalistas que sostenían el carácter inconciliable de la hipotimia con el núcleo ciclonoico. Urs Weiss describió el síndrome del caballo de calesita, con lo que hizo callar a sus detractores.

Al comienzo de los años noventa, sexagenario y pletórico de experiencia y de sabiduría, describió la hemorexia maligna, patología cuyo ejemplos recientes son Hitler y Stalin. Tuvo la prudencia de distinguir esta enfermedad de la hemofagia de los comedores de morcillas, perversión común y más pintoresca que peligrosa. Luego describiría una gran variedad de formas clínicas de hemorexia como el síndrome de Ceausescu, el de Kadhafi, el de Karadžić y el de Bachar El Hassad.

Sería engorroso describir la masa de síntomas con las que Urs Weiss enriqueció la psiquiatría, de la gnosomanía a la esquizofonia teogogica, y de la endomimia a la callimorfosa. Citemos más sencillamente su último y luminoso tratado dedicado a la hipnosomia, en el que distingue a los hipnosómicos verdaderos, que duermen durmiendo, de los pseudohipnosómicos que duermen hablando, conduciendo y votando, autores de accidentes automovilísticos y políticos a veces gravísimos. En el momento en que escribo estas líneas, el mundo entero observa con inquietud la epidemia de pseudohipnosomia, de la que saca partido Doland Trump en los Estados Unidos. Urs Weiss no conocerá ese naufragio. Es nuestro único – y flaco – consuelo.

Traducido del francés por Gustavo Potente